El Tarot es más que una simple baraja de cartas que nos permite adivinar el futuro. En el Tarot está todo y todo está en el Tarot. El universo completo se transforma en arquetipos para indicarnos cómo y cuál es el camino interior y exterior. Para darnos consejos, para contarnos historias de ayer, hoy y mañana. Es una pena ver como muchos tarotistas lo usan como un simple medio de echar la buenaventura, es decir para predestinar a que a alguien le suceda algo. Ya el afirmar rotundamente que algo ocurrirá, predispone todo a que eso suceda y, por desgracia, suele funcionar mejor con lo malo que con lo bueno.

Por eso el Tarot debe ser concebido como un consejero, como quien nos muestra hechos que probablemente sucedan si nosotros, como dueños de nuestro destino y libre albedrío no hacemos nada para cambiarlo.

Muchas veces la gente que viene a mi consulta, entran nerviosos y me dicen eso de "es que tengo miedo de que me digas algo malo". Yo no programo mis cartas para que me muestren esas cosas terribles e inevitables que a veces nos suceden. Por eso, y hasta el momento, nunca he visto nada tan malo que no se pueda cambiar, evitar o vadear... Eso sí, siempre con esfuerzo y voluntad del consultante. El Tarot no nos va a solucionar nuestros males, pero sí nos va a aportar luz para ver la salida a los problemas, nos va a dar opciones y consecuencias, y cómo no.. si algo bueno nos espera, nos indica el camino más recto para llegar a ello sin que nada interfiera.

Según mi experiencia, el Tarot, si lo empleamos bien, es el gran Alquimista que hace que las personas que llegan en estos tiempos a mi consulta llenas de problemas y de incertidumbres se marchen con esperanzas renovadas y una sonrisa. Yo les repito que realmente, yo solo interpreto, que son ellos mismos los que ponen su pasado, presente y futuro sobre la mesa. Y que lo crean o no, en su interior tienen todas las respuestas.